Mi preocupación va más allá: ¿Continuará existiendo la institución monárquica a la muerte de Juan Carlos I?. ¿Existirá, en ese después, España o se habrá convertido, de facto, en 17 independientes reinos de Taifas?. La historia tiene la fea costumbre de copiarse así misma y el sentimiento antimonárquico e individualista de los españoles no es precisamente hijo del siglo XXI, tiene muchos siglos de historia. Y no hace falta remontarse a la Edad Media, basta con repasar la historia de España de los siglo XIX y XX.
Desde que se anunció el compromiso del Príncipe Felipe con la Sta. Leticia ( o Doña Letizia como le ha dado por llamarle el estúpido servilismo de muchos de sus compañeros), es raro el día o el periódico en que no se publiquen comentarios a favor o en contra de la anunciada boda. ¿Problema de dos?. Si, pero no. El pueblo soberano, no rey, tiene pleno derecho a opinar sobre la vida, venturas y desventuras de quienes le gobiernan o pueden llegar a gobernarle. Se equivocan, pues, quienes piensan o intentan hacernos comulgar en que esa boda es problema de dos.
Personalmente, como no creo en la institución monárquica por muy Constitucional que sea, (pero la respeto, aunque sea "por imperativo legal", por ser el gobierno que nos hemos dado los españoles), me importa un bledo que el Príncipe Felipe se case con la Sta. Leticia, con la Loyola o con el gay Boris Eizaguirre de "Crónicas Marcianas",.
Pero él supongo, si no es mucho suponer, que si cree en la institución monárquica y por ello debe ceñirse a sus principios o, si no le gustan, renunciar a sus privilegios como Príncipe de Asturias y heredero al trono de España. Cuando se pierde el respecto a los principios se navega hacia la anarquía. Repicar e ir a la procesión no puede ser. Una cosa o la otra. La ley del embudo es inaceptable en una sociedad moderna y democrática.
Como decían los romanos, y con ello les doy la razón a los que critican esa boda, sin que esa se mi intención: "La mujer del Cesar a más de ser honesta, debe parecerlo". Y no pretendo decir que la Sta. Leticia no lo sea. Como españolita de a pié el ser divorciada y haber tenido docena y media de novios como dicen, aunque sea un bulo y de los bulos sólo hay que creerse la mitad de la mitad de la cuarta parte, eso no indica que sea éticamente inmoral en la actual moralina española. Otra cosa es que lo parezca y parecerlo, lo que se dice parecerlo, lo parece poco.
Me gustaría saber que hubieran dicho los medios de comunicación si en vez de ser la Sta. Leticia una periodista hubiera sido una españolita cualquiera (en el buen sentido de la palabra). El corporativismo huele que apesta en la información sobre esta boda, mejor dicho, sobre esta novia.
Juan Borrás