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¡Fascista!. Una inmensa mayoría habrá oído
y releído infinidad de veces esta palabreja. Pero seguro
que no tantos conocen su origen y su significado original, ni tan
siquiera el actual. Porque digo yo, y si estoy equivocado que alguien
me corrija, que no tiene el mismo valor ni el mismo significado
dicha por los terrorista que por los policías, por los anarquistas
que por los demócratas, por los comunistas que por los capitalistas,
por los socialistas que por los liberales, etc.
Aunque podríamos sintetizarlo, lo diga quien lo diga, en
"si tu no piensas como yo, como yo soy el bueno, tu necesariamente
eres el malo; yo tengo razón aunque no la tenga, y tu no
la tienes, aunque realmente la tengas". El matiz y la magnitud de
la razón o sinrazón, de la bondad o de la maldad está,
sin duda, en el fanatismo de cada cual.
Así que caro lector usted y yo, independientemente de nuestra
ideología, bondad o maldad somos unos miserables fascista
para alguien….. hasta puede que yo lo sea para usted o usted
para mí aunque no nos conozcamos: sólo se precisa
que exista cualquier insignificante discrepancia de pareceres entre
ambos para ello.
Fascista si nos atenemos a la terminación "ista" es persona
perteneciente al fascio o fasces, y el fascio no es ninguna invención
del siglo XX, existe desde hace más de veinte siglos: era
parte integrante de las legiones romanas. Pero como dicen que el
tiempo todo lo madura ha madurado tanto el concepto de fascio o
fascista que cualquier parecido del que le daban los romanos al
que le damos en la actualidad es mera coincidencia.
Pero no nos remontemos a tiempos tan pretéritos. A principios
del siglo XX se conocía por fascistas a los sicilianos pertenecientes
a los fascios: agrupaciones político sindicales sicilianas,
aparecidas a finales del siglo XIX, claramente republicanas, democráticas
y socialistas y acentuadamente antilatifundistas.
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O sea algo radicalmente contrario a la opinión, mejor dicho
descalificación que ahora generalmente le damos.
Primero fue Benito Mussolini quien, con el beneplácito de
la Santa Sede, y aprovechándose de la buena acepción
en que se tenía a los fascios, desvirtuó el movimiento
fascista, creando, a su amparo, las fuerzas de choque conocidas
por "camisas negras", basadas en la dictadura de partido único
y la exaltación nacionalista.
Pero fueron los socialistas, comunistas y anarquistas españoles,
que se autoproclamaban marxistas, y que dicho sea de paso, salvo
muy rarísimas excepciones, no sólo no lo habían
leído sino que no tenían ni puñetera idea de
quien era Karl Marx, los que exportaron a todo el mundo el concepto
más degradante de fascismo. (también sin que la inmensa
mayoría supiera, ni tan siquiera tuviera la mas remota idea
del ideario fascista) al considerarlo como la concreción,
la síntesis de toda la iniquidad y toda la vileza capaz de
albergarse en ser humano.
La aberración alcanzó tal nivel que en el 36 se
llegó a tildar de fascista hasta a quienes cometían
el imperdonable pecado de llevar corbata (y no exagero, quienes
vivieron aquella época pueden atestiguarlo) o sencillamente,
y era lo más común entre el pueblo analfabeto y los
no tan analfabetos que se aprovechaban de ellos, porque no le resultaba
simpático el vecino de enfrente. Y lo malo, lo peor es que
esa inconmensurable aberración se está poniendo de
moda, más o menos acentuadamente, en la actualidad.
Lo exasperante es que la verdad siempre resplandece al final,
cuando las consecuencias de la mentira ya son irreparables.
Juan Borrás (Gandia)
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