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No hay una auténtica democracia en los Estados Unidos. La
situación allí es de bipolarismo total debido al estúpido
sistema que hace que el partido que más votos tenga en un
estado se lleve a final del día el estado entero. El resto
de partidos necesita de un milagro para triunfar pues lo más
fácil es decantarse por aquello del voto útil. Las
últimas elecciones en el Imperio fueron propias de un estado
bananero; se tardó meses en comprobar el recuento de votos
y así saber que quien de ambos candidatos si el demócrata
Al Gore o el republicano George W. Bush era el nuevo presidente.
El hecho de que un político muerto saliera escogido senador
y el cargo fuera ocupado por su esposa es verdaderamente dramático.
Solamente las elites, aquellos que son hijos de familias acomodadas
tienen posibilidades de hacer carrera en política; imposible
que el hijo del carpintero llegue a ser presidente del Imperio algún
día; eso sólo está destinado a los ricos.
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Allí no hay una opción de izquierdas; sólo
puedes elegir entre demócratas (derecha) y republicanos (ultraderecha);
no en vano los Estados Unidos fueron los grandes enemigos de la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS). A menudo cuando votan en la Costa Oeste el presidente ya
está escogido (por aquello de las diferencias horarias en
un país tan grande). La campaña para las elecciones
es demasiado fastuosa, sin límite en los gastos, quema demasiado
dinero de una forma inútil cuando se podría utilizar
para otras cosas más necesarias; pero en América todo
se hace a lo grande. Como se ve, demasiadas irregularidades en un
país que presume de libertades y cuyas elecciones afectan
a todo el mundo.
Josue Damia Ferrer i Ortells.
jdferrer@ozu.es
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